jueves, 2 de febrero de 2012

PECADORES POR JUSTOS

Ahora que hay tantos “casos abiertos” en tela de juicio, me pregunto ¿la justicia es justa?

Un jurado popular de gente de la calle (esa gente que hace unas décadas fueron capaces de linchamientos y, un poco más allá, de denunciar al vecino por brujería y, un poco más acá, acusar al que envidiaban de masón, judío o “rojo”), ¿de verdad está, estamos preparados para emitir un veredicto? 

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¡Caramba! ¡Qué intuición la mía! Nada más empezar a elucubrar sobre el tema, me desbordan resoluciones y sanciones.


El doble juicio por el asesinato de Marta del Castillo con sentencias de “como no sois chicos buenos os vais a casa y al más malo le castigo de cara a la pared” nos ha dejado a todos, ¿verdad?, con un mal cuerpo, con una indefensión…

¿Y el proceso de los modelines del Sr. Camps? ¿Acaso no nos olíamos que podía acabar así? Porque, vamos a ver, si ese señor tan puesto en duda, fue votado presidente de la Comunidad Valenciana, pese a todo, ¿no nos indica que en su tierra goza de un carisma tan especial que sólo le ven el lado positivo, que obviamente, como todo ser humano, debe de tener? Y como los que deliberaban eran personas de su comunidad, lo resolvieron como si fueran unas elecciones (el más guapo, o porque me gusta su corbata, el candidato que mejor viste....)

Y, a propósito del caso Gürtel, ¿recordamos que fue el juez Baltasar Garzón (hoy acusado de presuntas escuchas ilegales, mira que casualidad), el que instruyó su investigación?



Claro que mis nociones del “jurado popular” vienen sustentadas por bastantes películas y series americanas (“Doce hombres sin piedad”, por ejemplo).  En todas ellas, tras largas deliberaciones, porque les costaba ponerse de acuerdo, el jurado emitía un veredicto unánime. La unanimidad era imprescindible.
Nada de 5 no y 4 sí, como aquí. (¿Eso es mayoría simple o simplemente mayoría?)

Cambio de tercio y me voy con los Duques de Palma. Otro ejemplo de “ecuanimidad”.

A lo mejor te parece precipitado que me meta en este caso, pero es que ya estoy escamada.

Fíjate tu, de entrada, en su afán por dejar impoluto a cualquier miembro de la Casa Real, intentan vendernos una Infanta Cristina atontada y nula que, además de no ser responsable de nada, tampoco se entera de nada. Por lo cual, a ella, a la infanta guapa, no se le imputará n-a-d-a.

He oído hace poco que embargaron las cuentas del matrimonio, por no abonar las cuotas de la Seguridad Social de sus empleados domésticos. Paralelamente, a fin de evadir impuestos en la empresa, declararon y tributaron a la Seguridad Social por unos trabajadores inexistentes.  De todos esos chanchullos,  al tratarse de tan principales estafadores, se salieron “de rositas”, como si nada hubiera pasado.

Si quieres (y si no quieres también), voy a contarte el caso de un autónomo con un solo empleado. Como los negocios le iban mal y no tenía suficiente “pasta”, decidió pagar a ese empleado en lugar de al estado. Le pusieron una multa sustanciosa y le embargaron el coche, porque era el único bien que poseía.


¡Bah! Pero ten en cuenta que era un cualquiera sin pedigrí.


Como me he hartado de leer y oír en los medios, los jueces decidirán si hubo delito o no. ¡Hasta nuestro rey asegura que la justicia es igual para todos!  

Los últimos arbitrajes legales han creado tanto revuelo, que el estado ha dispuesto hacer arreglillos al el código penal. Y de verdad que los necesita.

El Sr. Gallardón, máximo responsable de esos asuntos en esta etapa, propone penas semejantes a “cadenas perpetuas”, rebajar la edad penal del menor,  tasas judiciales, replanteamiento en la elección de jueces, etc. Y todo lo que proyecta y cómo lo proyecta, aun da más miedo.



Uno tiene la sensación de estar siendo absorbido por un pasado remoto e inseguro, socialmente dudoso, con más privilegios para los ya privilegiados y bastantes más complicaciones para los desafortunados. 
  
Puestos a reformar, yo apostaría, posiblemente en un exceso de ingenuidad, por penas que produjeran algún beneficio al prójimo.

No sé porqué me ha venido en mente los trabajos forzados, por ejemplo. 

(Pero, Maya, ¿tú en qué demonios estás pensando?, ¿en el Valle de los Caídos? ¡Pues sí que vamos bien!)

No, no. Nada de megalomanía. Estoy deliberando sobre el aprovechamiento de las posibles habilidades del condenado para ponerlas a disposición de la colectividad. Y por si el recluso fuera un des-cualificado, seguro que quedan carreteras y autopistas para hacer, ya sea como peón o como ingeniero de caminos, bajo un rígido control del personal de prisiones y fuerzas del orden en general. También podrían ocuparse del control de los pinos contaminados de procesionaria o de  la limpieza de los bosques y de las playas, por ejemplo… En fin, esas cosas que estaría bien que se hicieran en todos los municipios y que no se llevan a cabo nunca, por más paro que exista.

Ya que damos habitación, alimento y, a veces, hasta carrera universitaria a nuestros penados, no es de extrañar que algunas “buenas gentes” decidan delinquir para poder dormir bajo techo y comer caliente. ¡Pues menudos tiempos corren!

Una vez leídas estas deliberaciones mías, hasta a mi me parecen disparates.

Pero, por lo menos, a la hora de elegir jurado popular y, habido en cuenta de que, por mucha comunidad autónoma que tengamos, todavía existe el conjunto español para liarlo (sinónimo de ligarlo) indivisamente, optaría por intercambiar las procedencias de sus integrantes (da una sensación de más imparcialidad). Y a la hora del dictamen, me fiaría más del veredicto unánime. Y, como ya sabemos que a los de este país nos cuesta ponernos de acuerdo, pues en última instancia, que decida el magistrado.

Y que paguen los pecadores. Los justos no. 

Recibido por e-mail (¿te parece divertido?











domingo, 15 de enero de 2012

TRIA I REMENA

frase hecha catalana, traducible literalmente por: 
elije y revuelve

Uno no sabe donde quedarse: si en la exasperación o en la indiferencia. No voy a discutirte que posiblemente lo más saludable sea la indiferencia, porque te facilita estar o pasar por los acontecimientos o las cosas de una forma etérea e impoluta; vamos, como si fueras de otro planeta y no entendieras nada de lo que sucede en la Tierra.

Esta actitud que, aunque te parezca imposible, se da en muchos seres humanos (“humanos” quiere decir que son, somos de aquí), aparentemente ahorra muchos dolores de cabeza. Y aunque yo te lo esté escribiendo así de cínica, le veo un inconveniente, ¿podremos discernir si lo que practicamos como indiferencia no es en realidad sometimiento?

Acaso vivir resignadamente todo lo que nos están dando, ¿no es una forma de servidumbre?

Ay, ay, ay, ¿será nuestra democracia la nueva cara de una moderna y sofisticada esclavitud?

¡Ya está! ¿Qué te crees, que estás leyendo un discurso más de Maya La Catastrófica?... Pues te equivocas.

Todo lo anterior han sido elucubraciones para ir dándole vueltas, poner en marcha el coco, y que vayan trabajando las neuronas, las tuyas y las mías, para ver si son tan chulas como para llegar a una irrefutable conclusión.

Entre tanto, déjame decirte que me he quedado boquiabierta con el espectáculo que nos están ofreciendo.

Administradores de bancos que se retiran con millones de euros cuando su empresa está en bancarrota, autoridades con 13 cargos y en consecuencia 13 salarios abultados cuando en sus comunidades hay tasas escalofriantes de desempleo, presidentes de autonomías acusados de prevaricación, eclesiásticos asociados a casos de inmoralidad, miembros de la casa real estafadores, presidentes de gobierno embusteros, policías violadores de los derechos humanos, jueces transgresores de la ley (o cuando menos, con una interpretación inhumana de la misma, especialmente en cuanto a mujeres se refiere), falsos ERES millonarios, construcción de colosales aeropuertos sin aviones en los que lo único que vuela es el dinero…
















Es que al final, no me lo puedo creer. ¡Me resisto! Es inadmisible que todo lo que sea “dirección” o “dirigente” conlleve mentira pública, avaricia, abuso de poder y corrupción (indiviso o por separado, que lo mismo da); insisto, es natural, filosófica y matemáticamente imposible.

Sí “es de cajón” y de antónimos: demonio-ángel, yang-ying, negro-blanco, oscuridad-claridad, malo-bueno, pecado-virtud, culpable-inocente, soso-salado, amargo-dulce, seco-mojado, frío-calor, ignorancia-conocimiento, mentira-verdad, avaricia-generosidad, abuso-moderación… ¿Es necesario que continúe?

Lo uno es consecuencia de lo otro. Es más, lo uno no puede existir sin lo otro. Percibimos la luz, porque hemos visto la oscuridad. Somos malos porque existe la bondad, hubo diablos porque se crearon ángeles…, etc., etc., y etc.

Por todo ello, yo no pierdo las esperanzas.

Pero, caramba, a la hora de buscar los opuestos a los dirigentes y directivos que conocemos, esos que hagan  contrapeso a tanto mamoneo y tanto engaño, ¿dónde están?

Que no, que no, que no pretendas confundirme con ese voluntariado anónimo que tanto ayuda desinteresadamente. Ellos se ofrecen y procuran asistencia a los más desvalidos, a los que viven abandonados por los estados. Pero no gobiernan nada.

¿Dónde podemos encontrar a esos mandamases “mirlos blancos”?

Que sí, que sí, que tienen que estar en alguna parte. Lo dicen las normas, las leyes originales.

Tenemos que localizarlos para que nos escuchen, para poder votarlos, para nombrarlos presidentes, para designarlos directores, para hacerlos cabecillas, jefes, patronos… Para que no nos avergüencen, para sentirnos protegidos y orgullosos.

“Triem i remenem”, que están ahí. Seguro. Están ahí.



 


sábado, 3 de septiembre de 2011

MI MARaaaAVILLA

Hoy quiero escribir sobre mi entorno.
Quiero contarte de cómo elegí el mar como paisaje. De qué manera lo integré a mí cotidianidad. Del modo que lo asumí como un sentido más a mi lista de sentidos: vista, oído, olfato, gusto, tacto y mar…
Yo crecí pegada a la falda de una montaña a pesar de vivir en la ciudad; toda una suerte. En otros barrios, los chavales no podían salir a la calle si no les acompañaba un adulto. Y sólo ejercían de niños cuando tenían la fortuna de poseer una casa en las afueras o parientes en un pueblo.

Los días de fiesta y en vacaciones, que era cuando no había escuela, con los chicos del barrio, trepábamos por la ladera hasta intentar tocar el firmamento. Pero siempre nos cansábamos antes y entonces hacíamos un alto en el camino para merendar y reponer fuerzas. Normalmente, después del tentempié, desistíamos de nuestro propósito y volcábamos nuestra atención en los animalillos que se escondían entre las malezas, mientras desandábamos lo andado. También usualmente me encaraba a mi amiga Conchita que parecía tener vocación, no sé si de taxidermista o de médico forense –no fue ni lo uno ni lo otro-, empeñada en diseccionar lagartijas en pro de la ciencia.

-¡Cállate ya! -me decía-. Ya verás cómo le vuelve a crecer la cola.

En mi ciudad, también había playa. Pero estaba lejos, muy lejos de nuestra vivienda. A veces, mi madre se ponía de acuerdo con alguna vecina y nos íbamos de “excursión”. Recuerdo que marchábamos a buscar el transporte público pertinente, cargadas hasta los topes: que si sombrilla, que si toallas, que si comida, que si bebida… Mi padre, que en su juventud había estado embarcado en la marina mercante, pasaba del tema.

-Es para los peces –sonreía-. Divertíos haciendo de pez.
Aquel azul inmenso del mar que se juntaba con el azul del cielo grandioso, allá a lo lejos, se me metía por los ojos y se me quedaba dentro, muy dentro.

-Es el infinito –me decía a mí misma. –Nunca he visto nada más grande.

¡Y cómo disfrutaba con las embestidas de la espuma! Para mi eran como las millares de burbujas que se te meten por la nariz cuando bebes cava, pero estallando en tu cuerpo.

De cuando en cuando, se divisaba un barco en el horizonte deslizándose majestuosamente, y yo estaba convencida de que cuando se navegaba por ese límite, sólo se podía circular de derecha a izquierda o a la inversa,  porque después de la línea habitaba el misterio.
-Más allá –me explicaba mi madre- viven otras gentes, otros pueblos, otras culturas.
Pero yo no la creía. Misterio y sólo misterio. Tal vez hubiera el vacío en el estómago que te produce el descenso en una montaña rusa. Pero sólo tal vez.
No creas que no entienda la belleza de los bosques o la majestuosidad y fortaleza de las montañas, que no disfrute de las espléndidas tonalidades de su vegetación otoñal y no me sobrecoja su visión imponente. Gozaré de esa experiencia un día, máxime dos, porque mi vista se cansa de topar con la pared impenetrable de las colinas (a lo mejor si me asentara en el techo del mundo, en el punto más alto del Everest…) y me falta el espacio que nunca termina.
No me vengas ahora con la falacia de que el mar es monótono, que no cambia jamás y que por eso te aburre. Eso quiere decir que no lo has mirado con atención dos días seguidos… Nunca es igual: gris, cerúleo, azul intenso o marino, negro, turquesa, verde, naranja, fucsia, granate, amarillo, oro, plata, con brillantes, calmo, turbulento, espumoso, agresivo, mimoso, manso, peligroso… Nunca es igual. Y no lo enojes. Se merece un respeto.

¡Mi maravilla!

¿Sabes cuando me robó definitivamente el corazón? Debía tener yo unos catorce años y en la tarde de un frío enero, una de mis abuelas, la que había cumplido ya los ochenta y que nos había venido a visitar desde muy lejos, quiso que la acompañara a la playa. Una vez allí, se descalzó y entró en el agua helada. Pensé que le daría un patatús y buscaba a mí alrededor alguien que pudiera echarme una mano si eso ocurría, pero me topé con una puesta de sol reflejada en el agua. Mi abuela se bañaba los pies en unas aguas que ardían de color. ¡Qué magnífico espectáculo! 
-Encontraré a faltar este momento –me confesó ella.
A partir de entonces me prometí esforzarme para establecerme en la ribera y no perderla nunca de vista.

Lo cierto es que la vida de pronto, aunque no sea tu voluntad pero sí tu necesidad, prioriza otras metas. Y te parece que tendrás que renunciar a tus sueños. Pero no desistes y te los guardas para que un buen día, si están en tu memoria, puedas recuperarlos. Así fue para mí.
Al despertar y asomarme al exterior, no tropiezo con los balcones o las ventanas de la acera de enfrente ni tampoco con las altas montañas, mi mirada se zambulle en el mar, nada hasta el horizonte y se  funde en el cosmos. Y al irme a dormir, muchas noches, escudriño la disolución de la luna en el mar componiendo una superficie estrellada que parece eterna, punteada aquí y allá por las luces de las embarcaciones de los pescadores. Y otras, contemplo la grandiosidad de esa tormenta que encabrita olas, tejiendo una hermosa puntilla ondulada o dibujando relámpagos y vociferando con grandilocuentes truenos…
He llegado aquí. Estoy donde quería. Pero, ¿qué pasará mañana? El día que no controle mi vida, ¿dónde irá a parar mi líquido elemento?
Si supiera de algún geriátrico al borde del agua, ya me pondría en lista.
Pero no importa, en cualquier caso, nadie puede quitarme el mar. ¿Recuerdas que un buen día se me incorporó y se erigió como mi sexto sentido?
Tú que me lees, puedes ser mi testigo testamentario. 
Y después, cuando se me cierren los ojos, se ensordezcan mis oídos, se me pierdan las fragancias, el sabor sea el sinsabor de los que me hayan querido, las caricias se me enfríen en la piel y el mar quiera reintegrarse al océano…, que me entreguen a él.
Porque daré de comer a los peces, bucearé confiada por los atolones de coral, visitaré las grandes simas y regresaré a los orígenes de la especie humana.

miércoles, 24 de agosto de 2011

HABEMUS PAPAM

Aunque no te lo creas, quería estarme callada. Entre otras cosas, porque hay de por medio una cuestión de fe. Y las cuestiones de fe son sagradas. Como debieran ser sagradas la confianza y credulidad de tantos feligreses.
Yo no es que esté en desacuerdo con esta nueva visita del Papa, porque el Papa, al igual que cualquier hijo de vecino, tiene derecho a pasear por donde le dé la gana; lo que yo le discuto es el boato y la palabrería.

Me han contado un chiste: en un viaje a África,  el Papa se interesa por todos esos niños que le rodean delgados y barrigudos. -¿Por qué están así?, pregunta. –No comen, Santo Padre. Y el Santo Padre, pellizcando con amor la mejilla de uno de los niños, le amonesta cariñosamente: -Hay que comer, pequeño. Hay que comer.
¿Pero es sólo un chiste?

No emplearé el recurso fácil de apelar al hambre en Somalia o en tantos otros países. Ni hurgaré en el pésimo ejemplo que han dado algunos representantes (demasiados, diría yo) de la Santa Madre Iglesia,  me limitaré a hablar, egoístamente, de la crisis que tenemos aquí, de la cantidad de gente que no tiene trabajo, que se ha quedado sin casa porque no ha saciado la usura  irresponsable de los bancos, de los jóvenes y no tan jóvenes indignados, que se manifestaban hasta hace bien poco, por ahí por donde usted ha pasado, pidiendo mejor reparto, más justicia y equidad. Pero, ¿en qué mundo vive, excelencia, eminencia (o como quiera que haya qué llamarle)? ¿Es que no se entera? ¿Cómo se pone en manos de una serie de papanatas que por encima de todo “le regalan los oídos” y lo llevan “engañao” , caiga quien caiga? ¿A qué viene tanto lujo y tanta ostentación? ¿Acaso se ha creído lo que nos dicen los que nos toman el pelo, de que es usted el Rey Midas y que convierte en oro todo lo que toca y que esos muchachos que han acudido de todo el mundo para verlo, por cuatro chavos (usted no debe saber lo qué cuesta ir un fin de semana a Madrid, si no eres de acción católica, a tenedor y cuchillo), han comprado algo más que unas estampitas alegóricas y un botellín de agua?  
No voy a seguir por ahí, porque se trata de ser, además de objetiva,  lo más escueta y gráfica posible, sin montar en cólera. Y voy a comparar aunque se diga que las comparaciones son odiosas.



Jesús entró en Jerusalén a lomos de un burro y a pecho descubierto; no en un “papamóvil”, modelo único (burros hay un montón) equipado con aire acondicionado (no veas el calor que hacía en Madrid), total seguridad y marca Mercedes (para más inri).


La puesta en escena fue espectacular. Un 10 por la coreografía. Otro, por el  vestuario; que los colores de las casullas estaban muy bien conjugados. (Cuando predicaba, ¿qué modelito lucía Jesús?)




 Los llamativos zapatos rojos de Prada, han sido muy controvertidos. (¿Alguna coincidencia con las tópicas y humildes sandalias de San Pedro  Pescador?)

Y hablando de predicar, pesquemos unas cuantas frases del sucesor del Vicario de Cristo, en las homilías de este evento:


…Sí, la Iglesia no es una simple institución humana, como otra cualquiera, sino que está estrechamente unida a Dios. El mismo Cristo se refiere a ella como «su» Iglesia. No se puede separar a Cristo de la Iglesia, como no se puede separar la cabeza del cuerpo (cf. 1Co 12,12). La Iglesia no vive de sí misma, sino del Señor. Él está presente en medio de ella, y le da vida, alimento y fortaleza. Sic
…Pero permitidme también que os recuerde que seguir a Jesús en la fe es caminar con Él en la comunión de la Iglesia. No se puede seguir a Jesús en solitario. Quien cede a la tentación de ir «por su cuenta» o de vivir la fe según la mentalidad individualista, que predomina en la sociedad, corre el riesgo de no encontrar nunca a Jesucristo, o de acabar siguiendo una imagen falsa de Él. Sic


Cuando yo era practicante, siempre se me había afirmado que Dios estaba en todas partes. Y que se le puede servir desde cualquier lugar. Jeremías también apuntaba por ahí:

Jeremías 23:24 ¿Se ocultará alguno, dice Jehová, en escondrijos que yo no lo vea? ¿No lleno yo, dice Jehová, el cielo y la tierra?

O yo lo he entendido mal, o la prédica del actual heredero de San Pedro, centraliza las “operaciones”.
¡Cielo Santo! No me tires de la lengua… Dejémoslo aquí.

¡Un momento! Antes, deseo recordar a algunas personas que han coexistido contigo y conmigo, que no son discutibles:
Angelo Giuseppe Roncalli (Juan XXIII), Agnes Gonxha Bojaxhiu (Teresa de Calcuta), Vicente Ferrer Moncho… Y los que yo no sé.
También permíteme que te deje un poema, todavía actual, de Girolamo Savonarola (1452-1498) religioso dominico, excomulgado y llevado a la hoguera por la Inquisición.
Dios
  !
Dicen que no comprendo tu existencia
que el fuego de réprobos me quema;
y que mi lengua sin cesar blasfema
y que no entiendo la palabra Dios
.
Dicen que no te busco ni te imploro,
ni tu grandeza infinita veo;
dicen que tengo el corazón de ateo
y que mis labios te maldicen. ¡No!
El universo es el augusto templo
donde te encuentra absorta la mirada,
el sol es una lámpara colgada
que derrama su luz sobre tu altar.
Allí te adoro yo, porque tu nombre
entre los astros fulgurantes, brilla,
y en espíritu doblo la rodilla
adorando en silencio tu bondad.
El aire que la atmósfera embalsama,
la savia que los seres acrecienta
y el fuego de los mundos alimenta,
tu excelso nombre proclamando están.
Eres la voluntad inquebrantable,
el Bien Eterno, la Virtud Potente:
de la Verdad inagotable fuente
porque eres la Razón Universal.
En su mezquina estupidez el hombre
se forja un Dios, indigno de alabanza
ebrio de odio, cólera y venganza,
terrible y sanguinario como él
Otras veces se finge, en su locura
un Dios afeminado que se esconde,
que a la voz del creyente no responde
si en su altar no hay encajes de oropel.
Eso, no es Dios ¡El Dios en quien yo creo
tener no puede el interés del oro!
el Dios, el Dios a quien yo adoro
no cambia sus bondades por metal
.
Su Espíritu Gigante no se oculta
en el recinto estrecho de un sagrario;
el Universo entero es su Santuario
porque es la Providencia Universal.
Interna voz, Inagotable fuente
Fecunda Luz Vivificante Esencia,
la base de su templo es la conciencia,
y su Gran Sacerdote es el Amor.
Yo se que existes ¡Inmutable! ¡Grande!
yo en tus bondades infinitas creo,
porque en la tierra y en los cielos veo
resplandecer esta palabra: ¡Dios!

Y aun una cosa más: Perdónalos, Señor, porque no saben lo que se hacen. Lucas 23, 34


miércoles, 17 de agosto de 2011

EVOCACIÓN DE LA ESTILOGRÁFICA

Redacción de vacaciones


El otro día visité a un amigo que colecciona bolígrafos. No puedes ni imaginar la cantidad de bolis que almacena en su casa.
En potes más o menos artísticos, se ven desde el simple bic cristal, a los diseños más sofisticados u horteras o elegantes o snobs o divertidos, que te puedas imaginar. Te asaltan en todos los rincones de la casa, sin orden ni concierto (a fin de cuentas siempre va bien tener a mano algo para escribir), y podrás pasarte horas y horas entretenida descubriendo sus formas. Eso sí, el día que necesites anotar cualquier cosa, te pasarás más horas y horas, probándolos para localizar uno que no tenga la tinta seca. Necedad mía porque a quién se le ocurre sacar provecho de una colección. Si la gracia de las colecciones es precisamente ser sólo eso, colecciones, conjuntos de objetos, generalmente del mismo género, para ser exhibidos o para permanecer ocultos a los ojos de cualquier profano.  

El caso es que esa afición de mi amigo, en esta ocasión, me ha hecho evocar a la sin igual pluma estilográfica. Y, para su mayor gloria, a todos los utensilios que la antecedieron destinados a escribir o dibujar: pedazos de cuero, dedos, cañas, ramas, plumas de ave, cinceles, espátulas, plumillas, lápices de grafito, portaminas… (¿Se me habrá olvidado alguna herramienta?)  
http://perso.wanadoo.es/haxo2034/historia.htm                                                                   

Parece claro que desde tiempos remotos el ser humano ha querido dejar constancia de su paso expresándose, no sólo para con sus congéneres, sino para con su posteridad. 
La estilográfica, pues, fue inventada por un tal Waterman (supongo que de ahí viene una de sus marcas) para mayor comodidad de los escribas, escritores, escribientes, escribanos y amanuenses en general. A partir de entonces ya no habrá necesidad de ir untando en el tintero una y otra vez. Bastará con  succionar un momento para recorrer kilómetros de palabras, esquemas y diseños. (Años después se la innovó/vulgarizó intentando sustituir su émbolo de carga por cartuchos de tinta, con el fin de prescindir del tintero; pero esa ocurrencia no desbancó, ni mucho menos, a la personalidad de la genuina estilográfica).

Resultó un elemento entrañable que iba perpetuamente contigo, siempre y cuando cumplieras unos cuantos requisitos, porque no se puede decir que estuviera al alcance de todo el mundo. Todo un lujo.
Para mejorar su transporte, la concibieron colocándole un clip en el capuchón, con frecuencia de oro (el plumín también era de oro de 18 quilates), que la sujetaba al bolsillo de la americana. Eso, además de proporcionar un innegable toque intelectual, resultaba de lo más elegante. Aunque con franqueza, más de una vez  jugó una mala pasada a su propietario manchándole el traje con su tinta indeleble.

La pluma estilográfica, supongo que por el espacio preciso para su depósito, ha lucido siempre un perímetro muy manejable para los dedos, la pinza del índice y el pulgar, que deben dirigirla. Y por eso, cuando era de buena calidad, se deslizaba grácilmente sobre la blanca superficie del papel trazando números, letras y dibujos precisos, casi sin esfuerzo, sólo con ideas. Se diría que hasta propiciaba la inspiración.
Gozar de una estilográfica era como tener un grado superior de conocimiento. Por lo menos, así me lo parecía a mí de niña, cuando acechaba a mi padre, escritor de letra roja y pequeña, imposible de lograr hoy en día si no es con un rotring del número cero. 

También se trataba de un tesoro, un objeto intangible, personal e intransferible. ¿He dicho tesoro? ¡Era como un animal! ¡Era como una mascota! ¡Era como una prolongación sensible de su amo y señor! Y obedecía a su trazo.
-Ni se te ocurra trastearme la estilográfica-, me decía mi padre.

Y aunque usualmente fuera una criatura dócil, me seducía aquel hermoso cilindro y me dejaba tentar. Antes de tocarla, memorizaba bien su posición y emplazamiento para no ser descubierta y sólo garrapateaba mi nombre, sólo mi nombre, en el libro de gramática. Luego, satisfecha y culpable, la devolvía a su sitio. 
Indefectiblemente, en cuanto mi progenitor cogía la pluma y empezaba usarla, me descubría:

-Mayita, ¿qué has escrito con mi pluma? Cuando seas más mayor, ya te compraré la tuya.
No eran manías de él, no. Las plumas son así de suyas y nadie puede escribir con la pluma de otro sin desquiciarla. Si alguien te la prestaba, ten por seguro que era porque ni la estimaba ni la utilizaba. Y sólo la tenía por esnobismo.

¿La estilográfica es únicamente un recuerdo u otro objeto de coleccionista sin objeto?

Apabullada por el bolígrafo -también llamado en otro tiempo lapicera, birome, esfero, plumero, esferógrafo, puntabola-, que por cierto lo idearon unos hermanos húngaros de apellido Biro –de ahí el birome- al contemplar a unos niños que jugaban con canicas y reparando en que una de los bolitas, al atravesar un charco y salir de él, seguía trazando una línea de agua sobre la superficie seca de la calle, ha sabido defenderse y, si cabe, ser aun más elitista. Porque, vamos a ver, si tu quieres poseer un buen roller, un portaminas con clase o un bolígrafo especial, tendrás que recurrir a marcas como Montblanc, Parker, Sheaffer’s, Waterman o similares, todas famosas y glamorosas por sus estilográficas.
Tan importante ha sido su reputación, que no han encontrado ningún impedimento a la hora de compartirla, no sólo con útiles de escritura, sino también con relojes de pulsera, gafas, perfumes…

¡Oh la estilográfica! Seguro que ha sido la envidia de la máquina de escribir, relegada hoy a los museos, que sólo te permitía eso: escribir, tan duramente desplazada por los ordenadores personales que te consienten escribir (incluso te corrigen las faltas de ortografía), dibujar, jugar, ver películas, escuchar música, chatear, publicar en un blog… En fin, todos sabemos las infinitas posibilidades de la informática.
¡Oh la estilográfica!... Cuando en nuestros días vemos a un señor firmar con ella, o la detectamos sobre un escritorio o la sorprendemos en manos de un ejecutivo… ¡Qué estilazo! ¡Qué cache!

No creo que nada pueda competir y mucho menos sustituir a una pluma estilográfica.
¿Evocación? Elogio.

jueves, 4 de agosto de 2011

PROHIBIDO FUMAR EN ESTE BLOG

Transformación

Hubo una época en que en muchos espacios había unos recipientes asquerosos llamados escupideras destinados a que la gente, en un alarde inquietante de puntería, expectorara allí. Los gargajos también se expulsaban sobre las aceras. Y cuando se estimó que todo eso era una marranada, probable nido de virus y contagios, se prohibió escupir.

También se prohibió que las personas orinaran por los rincones, tipo animal (los pipís de perro no cuentan), y eso que mear y escupir lo hacemos todos, pero en un urinario público, difícil de localizar por cierto, o en  el retrete de casa.

Que yo sepa, a nadie se le ocurrió hacer aguas menores o echar lapos en el suelo de su hogar, por más que, en casa de uno, uno hace lo que le da la gana.

En los transportes públicos preferentemente, figuraban letreros con el siguiente lema: Prohibida la blasfemia y la palabra soez. (Otra cosa que también seguimos practicando, pero  en círculos restringidos).

¿Qué quiero decir con todo esto? Pues que nuevos tiempos traen nuevas limitaciones (o ¿deberíamos llamarles hábitos más saludables?). Y si hemos de ser sinceros, parece que los vetos crecen con una cierta arbitrariedad, aunque en principio terndremos que creer que se nos obliga a medidas ciertamente asépticas y respetuosas para con el prójimo, unas veces a favor y otras en contra de los intereses del colectivo.

Diríamos que, hasta hoy, todas esas disposiciones han venido siendo  acatadas (siempre hay excepciones y aun podremos contemplar algún individuo “regando” alguna esquina,   escupiendo en cualquier lugar o soltando tacos al menor contratiempo), sin protestas.
Pero la ley antitabaco ha sido otra cosa y, como se dice comúnmente, ha levantado ampollas. Y no hay duda de que los legisladores deberían calibrar el perjuicio de sus actos.

Los negocios de ocio y restauración, que no han podido adecuar espacios al aire libre, están que arden y echan humo. Sus clientes, si no complementan la bebida, el baile o la comida con el cigarro, no disfrutan. En consecuencia, dejan de ir a beber, bailar o comer. Y eso es la ruina.
Las oficinas tienen que facilitar un tiempo libre a sus trabajadores para que puedan salir a la calle a fumar. Y si escandallas el tiempo, eso es una ruina.

Para los fumadores que se sienten absolutamente discriminados y apestosos -como se puede vender tabaco impunemente en los estancos ya que la única medida disuasoria a este respecto consiste en encarecer el tabaco para mayor beneficio del estado-, su flaqueza es  una ruina.
En 1492 se descubre América y el tabaco. Allá por el 1600, se le consideró altamente beneficioso para la salud. En los últimos años, hace cincuenta o más, se revela como profundamente perjudicial. El 1 de enero de 2010, se prohíbe en Estados Unidos. (Por esas mismas fechas, en nuestro país se parcelan los espacios  creando zonas de fumador y no fumador, por lo cual muchos establecimientos se gastaron la pasta haciendo reformas). Y en 2011, se radicaliza la ley, por lo que todas las transformaciones no sirven más que como estorbo.      


Los no fumadores (especialmente los ex fumadores y los individuos con problemas respiratorios) que estaban agradecidos al decreto, preferirían que instalasen unos garitos, tipo fumaderos de opio, para no tener que aguantar la aspiración cada vez que pasan delante de una gran oficina o de bares, restaurantes o locales de fiesta, en donde el personal y los clientes se aglomeran con cigarros, puros y pipas, originando una nube lenta que se disuelve y genera sucesivamente. Volutas que, después de envolver al transeúnte, ascienden con languidez hacia el cielo, si no hace viento, haga sol o llueva.    

La prohibición de fumar en todo espacio público que no sea exterior (se puede fumar en la calle, en el monte, en la playa –buena prueba de ello son las colillas y los filtros que nos rodean porque a los fumadores no les parece basura ese tipo de desperdicio-) ha contrariado de tal modo, que seríamos capaces de achacar la actual crisis al que no se pueda fumar bajo techo.

Y ahora no vayas a creer que estoy a favor de los fumadores. O no te imagines que esté en contra. Ni lo uno, ni lo otro. Me consta que el pitillo no beneficia ni a los pulmones ni al bolsillo. Pero cada cual tiene derecho a manejar su salud y sus peculios como le plazca. Eso sí, sin atentar a la de los otros (esto es válido para fumadores, para elaboradores de productos tóxicos en general y para “incordiadores” sistemáticos, que no todo es humo). Si me conoces, sabes que yo ya miro el cigarro desde la barrera.

¿Quién sabe? Tal vez el fumar esté destinado a ser algo tan íntimo como el cagar.

Hoy en día, tampoco está bien visto tirar papeles y otras porquerías en la calle. (Y, tengo que confesar que, si por mi fuera y a pesar de la rebeldía que me provoca la palabra prohibición, prohibiría arrojar chicles masticados en la calzada -como en Praga que no se pueden tirar ni papeles ni chicles-, y lo penalizaría con penas muy duras, fíjate tu).

Cuando Alex de la Iglesia era presidente de la academia de cine, la noche  de la gala de los Goya, entre otras, dijo estas palabras:
Ese público que hemos perdido, no va al cine porque está delante de una pantalla de ordenador. Quiero decir claramente que NO TENEMOS MIEDO a internet, porque internet es, precisamente, la SALVACION de nuestro cine. Sólo ganaremos al futuro SI SOMOS NOSOTROS LOS QUE CAMBIAMOS, los que innovamos, adelantándonos con propuestas imaginativas, creativas, aportando un NUEVO MODELO DE MERCADO que tenga en cuenta a TODOS los implicados: Autores, productores, distribuidores, exhibidores, páginas web, servidores, y usuarios. Se necesita una crisis, un cambio, para poder avanzar hacia una nueva manera de entender el negocio del cine.


¿Qué tiene que ver el cine con el tabaco? Pues a  mí el mensaje de ese señor, me parece que podría adaptarse a un montón de negocios o actividades  que están “con el ay en el cuerpo” y que no siempre han llegado a ese extremo a causa de una prohibición: cafeterías, bares, restaurantes, discotecas, agencias de viajes, telegramas, editoriales, cines, tiendas de discos y discográficas… etc. (Tu mismo puedes seguir completando la lista).

Y para todos ellos tengo una frasecilla más vieja que el andar a pie: renovarse o morir.

¿Quién dijo miedo? 



jueves, 21 de julio de 2011

EMBOLSANDO ECOLOGIA


Hay temas, es verdad, que no vale la pena ni discutirlos, pero es que me tienen rebotada y si no los debato, me puede dar algo.
Además, qué caray, quiero hablar de las bolsas de plástico.

Aparecieron en nuestro país allá por los años setenta y poco, o nada.

Hasta entonces, se iba a comprar con un capacho o una cesta. (Los carritos de la compra aun no se habían propagado). 

En aquel tiempo, la mayoría de las mujeres  (que siempre han sido las intendentes del hogar), todavía no trabajaban masivamente fuera de casa. Por lo tanto iban a la tienda preparadas para acarrear lo que adquirían.

Si no llevaban receptáculo, le ponían lo comprado en una gran bolsa de papel que transportaban trabajosamente en brazos, como si llevaran un rollizo bebé, con mucho amor. (Aun puedes verlo en las películas americanas).

La llegada de la bolsa de plástico fue una modernidad de lo más útil. Las personas salían a la calle con las manos en los bolsillos, aparentemente sin ninguna intención de adquirir nada, hacían sus gestiones, y regresaban a casa cargados con las nuevas bolsas que, además, iban provistas de asas para mayor comodidad y disfrute.

Pero, de pronto, el mundo se sació. Ya no cabía ni una sola bolsa más. Y, para colmo de males, las que ya lo llenaban todo, tardarían tropecientos años en desintegrarse.

Imágenes de un mundo ahogado en plástico (montes, mares, animales), se proyectaron en nuestras retinas.

Una vez más, intentaron culpabilizarnos del derroche de esas bolsas impuestas para mayor provecho del petróleo. Y aunque, parece ser que se pueden producir con un material degradable al sol (se de unas que se fabrican con maíz y otras con fécula de patata), y que algunas empresas empezaron a hacerlas circular, la bolsa de plástico sigue viva, pero con otras connotaciones.

http://www.consumer.es/web/es/medio_ambiente/urbano/2008/06/25/177999.php

http://www.europapress.es/comunitat-valenciana/noticia-mercadona-consum-cobraran-bolsas-plastico-partir-lunes-20110603144558.html

http://www.elmundo.es/elmundo/2011/06/03/economia/1307116969.html

A la voz de “Seamos ecologistas. No más bolsas de plástico”,  se desarrolló un nuevo negocio para las grandes superficies: justa y casualmente el de la bolsa de plástico. 

¿Y cómo se enfocó ese negocio?

En principio, haciendo desaparecer de todas las cajas, las bolsas cuestionadas.

Tú llegas a pagar con el carro de la tienda y tu compra dentro de él y no divisas ni una.

Mientras vas descargando sobre el mostrador, una cajera (esperemos que dulce y sonriente,  porque las hay cejijuntas y malcaradas) te pregunta: ¿desea alguna bolsa? Como contestes que sí, aun te dirá: ¿grande o pequeña?

Y bajo el tablero, como si de un artículo de contrabando se tratara, te sacará  la bolsa cuyo precio oscilará, según tamaño y tipo de comercio, entre los 0,02 a los 0,50 céntimos de euro.

¿Entiendes por qué estoy rebotada? Pues sencillamente porque esos comercios están haciendo re-re-bote. Acuérdate de que antes de que se volviesen “ecologistas”,  te las daban gratis. Y no quiero ni contar la cantidad de bolsas que deben facturar al día.

Y digo yo, una bolsa que le cueste un dinero al cliente, ¿contamina menos?

 -Señora: es una medida disuasoria. La gente, al tenerlas que pagar, las usa menos y en consecuencia se contamina menos, ¿entiende? Lea las estadísticas y entérese de cómo ha bajado el consumo de la bolsa de plástico.

Todavía protesto (aunque ya sé que la cajera no tiene ninguna culpa), ¿acaso no contamina un montón la tinta de impresión? Si les preocupa tanto el medio ambiente, véndame la bolsa en blanco. Que es que, además, no quiero hacerles publicidad ahí por la calle, como una mujer anuncio, pagando yo.

-Señora: tenga en cuenta que entonces la bolsa le saldría más cara.
Insisto: Y cuando  por un lado lleva el anuncio de un producto y por el otro el del super, ¿no les sale gratis a ustedes, aunque a mí no?

Pero claro, ella, como es una empleada, no me sabe dar explicación.

En fin, que sólo entenderé que no estés de acuerdo conmigo, si tú mismo andas en el negocio. Porque, de lo contrario, tienes que darme la razón: están sacando tajada a costa de la ecología.

Ahora, eso sí, si somos incapaces de exigir una bolsa degradable o, cuando menos, una bolsa sin propaganda, tal vez podemos, por lo menos, molestar un poco.

Reutilicemos las bolsas que nos han cobrado, pero hagámoslo en los establecimientos directamente competidores a la marca que exhiba.

Intentaré explicarme con ejemplos:

La bolsa de Lidl, usémosla en Aldi, y viceversa. La de Carrefour, luzcámosla en Eroski (justamente Eroski te vende una bolsa reutilizable, según consta en factura, que llega a casa tan agujereada –supongo que es cuestión de la calidad del material- que no te sirve ni para la basura). La de Consum, en Bon Preu o en Mercadona o en Schlecker o en Dia o en El Corte Inglés o en Ikea o….

También podría ser bastante justificable, retornar al vendedor la bolsa ya utilizada y maltrecha, y solicitar que te devuelva lo que pagaste por ella.

En fin. Ya me has entendido, ¿no?

Se trata de ser tan fastidioso como los propios comerciantes y evitar en lo posible que embolsen por la bolsa. Que eso degrada, no biodegrada.