sábado, 20 de abril de 2013

LA CAJA DE LOS ÁNGELES

Narración tardía de Navidad

Esta historia empezó hace algunos años un buen día que descolgué las cortinas que me aíslan del exterior para lavarlas. El paisaje me golpeó sin remedio: mucho más crecido de lo que yo lo recordaba desde dentro, grandilocuente, seductor… Como era invierno, entró el sol y se fue apropiando del espacio, animando todos los objetos, tonificándome con su abrazo.

-¡Qué prodigio! –me dije a mí misma- Las limpiaré, pero no vuelvo a colgarlas.

Los amigos me decían:

-No sabes lo que haces. Se te estropearan los muebles, se te quemarán los cuadros…

Y tuvieron razón. Pero a mí no me importaba porque la luz me llenaba de alegría, al tiempo que al paisaje lo veía como la mejor apuesta por la decoración de mi casa.

Así que me quedé con el espectáculo, la iluminación y muchas anillitas de las que no pendía nada. Momentáneamente.

Se acababa el año y, en consecuencia había que recrear fiestas.

Normalmente, compongo los cuatro tiestos que tengo en la terraza como si fueran clásicos árboles de Navidad. Es mi insulsa contribución a lo no tala de árboles y, además, a mi me gusta el resultado. Encuentro que queda gracioso. Pero, esas navidades, con todos aquellos círculos vacios que parecían estar pidiendo una razón de ser, se me ocurrió que podría ocuparlos con motivadores adornos.

No me hagas explicarte como llegó a mis manos el primer ángel colgante y cómo me robó el corazón, porque no me acuerdo. Era de cristal y tocaba una trompeta apocalíptica. Eclipsó cualquier otro tipo de ornamento. Y fue el disparo de salida para ir montando mi ejército celestial. Así tomé la decisión de que, de aquellos redondelitos, sólo pendería una corte seráfica.

No vayas a creer que se trataba de una tarea fácil. Sólo encuentras ángeles para colgar, en Epifanía. Y los modelos son limitados. Eso sí, cada temporada se renueva el parque. El resto del año, los ángeles viven en tiendas de velas e imágenes religiosas, y no son de pender.

Ya pasados los Reyes, cuando devuelves a la casa su anterior aspecto, decidí indultar a mis alados amigos y dejarlos allí, suspendidos frente al cielo azul o la noche estrellada. Los nombré mis compañeros del día a día.

-Es posible que hasta me protejan de adversas vibraciones y malos espíritus-, me dije a mi misma. –Eso es un plus. 

De ese modo, todos los diciembres, si un ángel me seducía, lo compraba. Y no sólo era yo;  los amigos, sabedores de mi nueva pasión, ¡me regalaban ángeles!

Los tenía de los más variados aspectos, actitudes y materiales:
cerámica, rafia, papel, ropa, fieltro…, gordos, flacos, bellos, cómicos, abstractos, minimalistas… También de varias categorías: ángeles, arcángeles, serafines, querubines… Podían volar en diferentes posturas, leer una partitura, tocar la flauta, el acordeón, la trompeta, la guitarra, el violín, la pandereta, la zambomba… Los pendía a distintas alturas y, cuando todos los espacios estuvieron ocupados, les hice sitio y de una anilla descendían, escalonadamente, tres o cuatro alados, por lo menos.

Los visitantes se quedaban asombrados y exclamaban:

-¡Ooooh! Qué original.

El diciembre pasado ni siquiera veía a mis ángeles. Ya se me habían incorporado al entorno sin remedio, por lo que no sumé ni uno más a la colección. Lo que si vi con un cierto incomodo, es como sus sombras se proyectaban sobre el suelo, las paredes, los muebles, las pinturas, las fotografías de los seres queridos… Eran como un enjambre asfixiante que se apoderaba de todo, incluso de mi. Los notaba sobre mi piel, sobre mi ropa, enredados en el pelo… Me obligué a ser consciente de esa presencia colgante y comprendí que era otra cortina sobre mi horizonte. 

-¡Me estáis tapando la luz y el mundo!- pensé.

Me acerqué y los miré atentamente. Habían perdido muchas de sus facultades. Me di cuenta que sus alas eran como las de Ícaro, deshechas por el sol. Sus ropas no habían tenido mejor suerte, descoloridas y frágiles.

Fui a buscar una caja de cartón, me subí a una escalera  y, con sumo cuidado, fui cortando el hilo que les hizo volar y fui guardándolos con pulcritud. (Siempre he creído que si has amado realmente a algo o  a alguien, le debes un respeto, porque también te lo debes a ti mismo).

Y el sol desenfrenado e ininterrumpido volvió con el paisaje.

Para evitarme la tentación de  ponerme a coleccionar, pongo por caso,  ángeles caídos colgantes (que por cierto serían bastante más difíciles de conseguir que los benditos –piénsalo si no-), desmonté la barra con las  anillas. 

Calculé cuando pasaría el camión eléctrico que recogía cartones y allí puse la caja. Pero me quedé atisbando porque me creía en cierto modo, responsable de su suerte y sentía dentro de mí como un remordimiento: ¿qué sería de ellos?

Al poco rato llegó el camión silencioso. De él bajó una mujer con gesto adusto, un cabello muy corto y oxigenado  y  unos guantes desproporcionados y bastos  enfundando sus manos. Empezó a recoger los cartones plegados, dejando mi caja para lo último. Cuando sólo le quedaba ella, la abrió, se quitó una manopla y atrapó uno de los ángeles. Su expresión se dulcificó. Lo volvió a guardar y, con expresión satisfecha, se llevó el conjunto con ella a la cabina. Después reanudó la marcha hasta una próxima pila de cartones.
Interpreté que para ella aquella caja había sido un regalo del cielo.

Moraleja: cortinajes, demonios o ángeles te pueden tapar el sol (siempre eres tu quien lo provoca). Y, lo que a ti un día te tapa el sol, a otro le da luz.









jueves, 28 de febrero de 2013

Mis Muertos Vivientes


In memoriam

Si se nace, se muere. No imagino que nadie pueda discutirme eso. Luego, si se quiere y quien quiera, podrá plantear eternidades (Antoine-Laurent Lavoisier: “La materia no se crea ni se destruye sólo se transforma”) según sus escepticismos o  sus creencias. Justamente las mías empezaron a tambalearse ante las contradicciones que me parecía descubrir en la religión católica, apostólica y romana, credo en el que había sido educada.

Tenía más o menos once años y en mis entendederas no cabía la desesperación de los familiares de un ser querido que dejara de existir. Me decía: no era mala persona, por lo tanto no irá al infierno. Y si va al cielo, ese sitio en que se está tan bien y en que lo tienes todo además de estar al lado de Dios, ¿por qué no estamos contentos?

Claro que a aquella edad, sólo se me había muerto un pájaro. Y me dolió tanto que no paraba de llorar. Entre otras cosas, porque mi religión no tenía previsto un paraíso para mascotas.

Aun hay otra realidad que considero incuestionable y es que uno va creciendo y que, en el proceso, va acumulando bastantes dudas, un montón de experiencias y cadáveres. Muchos cadáveres.

No sé si les evoco o si son ellos los que reclaman mi atención porque, de pronto, sin venir a cuento, noto a mi abuelo (mi primer muerto humano) haciéndome tropezar con caramelos. Veo a tía Josefina rellenando esa pintada que cocinaba como nadie. Escucho a mi padre hablándome del alma. Me miro al espejo y me devuelve la imagen de la abuela que se pone sus aretes cada día, porque explica que una mujer sin pendientes es como un burro sin orejas (¿). Oigo, aun con muchísima tristeza, a mi madre que me dice que ya va siendo hora de irse. Y ahí está también mi elegante e impecable amigo Jesús, muy delgado ya, casi etéreo, horrorizado por mi poco convencional indumentaria…

Entiendo bien a uno de mis suegros, que descanse en paz, cuando manifestaba que uno empieza a saber que se está haciendo viejo, en el momento en el que ve como fallece gente a su alrededor que ya no son sus mayores, si no sus iguales.

Aunque sé que todavía tengo muchos amigos vivitos y coleando,  este fin de año se han producido más bajas. Y todas seguidas.

Se fue mi amigo Toni, el que influyó para que me metiera en este espacio. Sí, el del que hablo en los datos personales… Junto a Toni y a otros compañeros, y no sé si ellos lo supieron nunca, experimenté el valor de las pequeñas comunidades frente a las desalmadas urbes. Comprendí por qué los pequeños países, como los nórdicos por ejemplo, se gestionan mejor: en las colectividades medidas, las desigualdades sociales se pueden igualar más fácilmente con la aportación de todos, las corrupciones quedan demasiado evidentes para ser soportadas y, en consecuencia, sus gentes puede estar más y mejor realizadas. Se fue mi amigo Toni, un día después iba a cumplir años, y aun está en mi memoria su voz insistente: “Escriu Maïa, escriu”.

También partió mi amiga Conchita, la de la infancia, la de tantos y tantos momentos escolares, la que tuvo un oído portentoso que no quiso oír (le tatareabas una melodía y ella la interpretaba con cualquier instrumento musical que pusieras en sus manos).  La que era más amiga de los animales que de las personas… Se la encontraron después de Navidades, de sus solitarias Navidades, tirada en el suelo rodeada de sus perros. Dicen que llevaba cuatro o cinco días muerta. ¡Cómo me sobrecogió su patético deceso! Ya lo sé, ya lo sé. Todo el mundo muere solo. Es un acto personal e intransferible. Íntimo. Pero con gente a su alrededor que intentará acompañarle. Me reconforta pensar que, en su desolación, estuvo con los que más quería: sus animales. Y la escucho reírse, reírse de ella misma, sorda a sus aptitudes sinfónicas.

Se marchó Moisés Broggi, el doctor Broggi. Probablemente le había llegado la hora, porque tenía 104 años de humanidad, de enterezas y conocimientos. A él, no me vinculaban lazos de amistad, sólo me unían sentimientos de admiración, respeto y agradecimiento, (y digo sólo, porque en definitiva a mis amigos también los admiro, respeto y agradezco su camaradería). El doctor Broggi salvó a mi hija y uno no puede borrar de la memoria un hecho así. Le veo junto al lecho preocupado por la reacción de su paciente, intentando animarme: es joven. Saldrá de ésta.

Para acabar de estigmatizar al pasado mes de diciembre, justo en ese mes, empecé a oír hablar de los primeros suicidios relacionados con la crisis en la que estamos sumergidos. Y aunque no conocía a esas personas y en consecuencia no podía quererlos, me abrumó tanto todo su sufrimiento, impotencia y desesperación, que no pude por menos que ponerme en su lugar y notar el peso de un futuro ahogado e hipotecado de por vida, el vacío de su paisaje sin horizonte… Y yo fui ellos. Soy ellos.

Deseo que en la otra vida, cada uno de ellos haya alcanzado lo que esperaba encontrar: el descanso, el paraíso (tal como lo había soñado), la evolución, la reencarnación, la transformación, la nada, el todo…

“Deja que los muertos entierren a los muertos”, Mateo 8:21-22.

Aunque debiera olvidarme de ellos, no puedo olvidarme de ninguno.

Subsisten en mi: mis muertos vivientes.

Y no sé. No sé si soy yo quien les evoco o son ellos que no quieren abandonarme.

“Cuando mi voz calle con la muerte, mi corazón te seguirá hablando”. Rabindranath Tagore


martes, 1 de enero de 2013

“Las promesas de los políticos no comprometen en absoluto a los propios políticos que las hacen, sino a las personas que se lo creen”


Mi amigo José María el viajero, ese que vive en el pequeño pueblo de Montarnaud, el que cría gallinas de vistosos colores que ponen deliciosos huevos, el que colecciona grandes piedras de curiosas e inquietantes formas –esculturas cinceladas por el tiempo-, rocas de cualquier pedazo del mundo, ese que cultiva en su huerto un ejemplar de olivo de cada rincón olivarero de España y variadas especies de tomates de simientes antiguas y sabrosas carnes, ese que ama trabajar la tierra, me hace llegar el enunciado del título, con el fin de darme pie para que siga escribiendo en mi blog. 

Apunta exactamente:

He oído una frase en este país que espero te pueda servir para hacer uno de tus artículos que hace tiempo no he tenido el placer de leer:

“Las promesas de los políticos no comprometen en absoluto a los propios políticos  que las hacen, sino a las personas que se lo creen”

Y, mira por dónde, después de tanto desencanto, frustración e impotencia que me dejaron sin palabras, tomo el testigo y vuelvo a decir.

Desconozco qué boca se expresó en semejantes términos, ni dónde quería conducirnos. Porque esa sentencia, para mí, tiene varias intenciones que van en consonancia con el tono y con los labios que las articulen.

Trataré de poner algunos ejemplos:

Si la expresó un filósofo, entenderemos que fue fruto de una sesuda y serena reflexión sobre el comportamiento del ser humano ante acontecimientos tan destructivos para su crecimiento como tal. Por supuesto, el sabio habrá valorado antes los años y años, los lustros, los siglos, en que se ha educado a los creyentes en ignorancia, sumisión, temor  y castración. El estudioso expone una evidencia.

Si la pronunció un poderoso con inflexión condescendiente (¡ah! si fue un poderoso…), entonces está tratando de exculpar a su clase. Y, ya se sabe, la mejor defensa es un buen ataque. La frasecilla de marras, pasaría a engrosar el saco de “pueblo tu eres el pecador”, donde amontonan, aprietan y esconden todas sus propias incompetencias, rapiñas y cinismos, ávidos de lavarse las manos incriminando a las gentes mentidas.

Si la voceó un ardoroso cabreado, pretendía hacerle reaccionar al oyente, con la intención de encender los ánimos para pasar a la acción. “Te prometerán todo lo que tú quieras oír y, como necesitas que sea cierto, posibilitarás su promesa: “se insumiso”,  “deja de aceptar y rebélate”, “deja de votar, pueblo, y toma el poder”.

Tal vez sea bueno que me detenga aquí.

No sé de qué materia estamos hechos, que logramos confundimos con nuestros propios deseos.


No sólo los políticos nos prometen y nos comprometen, también lo hacen los industriales (cremas adelgazantes, reafirmantes, rejuvenecedoras, crece pelos…, etc., detergentes que lavan a cual más blanco, tejidos que no se planchan…), los banqueros (participaciones preferentes con altos rendimientos), las religiones… Yo diría que tenemos tantas ganas de adelgazar, reafirmarnos, rejuvenecernos, no perder ni un cabello, tener la ropa más blanca del mundo, no planchar, rentabilizar al máximo los cuatro duros que atesoramos, alcanzar de alguna manera la inmortalidad, que estamos preparados  para dar crédito a la realización del cambio. 

Claro que antes, probablemente, nos crearon  la necesidad de no ser gordos, ni fofos, ni calvos, ni viejos…, y nos atiborraron de imputs con una educación basada en los Cuentos de Hadas, Superman y Walt Disney.

Ya crédulos, sólo tienen que investigarnos someramente para poner en evidencia nuestro “tendón de Aquiles” y así ofrecernos todo aquello que queremos lograr.

Visto así, tendremos que aceptar que sí, que de acuerdo, que los comprometidos son las personas que creen en las promesas de los políticos, de los industriales, de los bancos y de las religiones.

Pues mira, a propósito de falsedades, deja que te refresque esta fábula de Samaniego que seguro conoces: 

El zagal y las ovejas

Apacentando un joven su ganado,
Gritó desde la cima de un collado:
«¡Favor! que viene el lobo, labradores.»
Éstos, abandonando sus labores,
Acuden prontamente,
Y hallan que es una chanza solamente.
Vuelve a clamar, y temen la desgracia;
Segunda vez los burla. ¡Linda gracia!
Pero ¿qué sucedió la vez tercera?
Que vino en realidad la hambrienta fiera.
Entonces el Zagal se desgañita,
Y por más que patea, llora y grita,
No se mueve la gente escarmentada,
Y el lobo le devora la manada.

¡Cuántas veces resulta de un engaño,
Contra el engañador el mayor daño!

No me parece que podamos hacer dogma de fe de las palabras de Samaniego pero, si lo hacemos, tendremos que aplicarlas tanto por activa como por pasiva. El lobo va a devorar, no sólo la manada, también al bromista pastor, a los labradores y, si mucho me apuraras, hasta a él mismo. Autofagia. O eso espero.

¿Sabes que me gustaría?: que todos estos mis escritos llegaran a oídos de los políticos y funcionaran como los míticos cantos de sirena que en época de Ulises llevaban a zozobrar a los navegantes. Me los imagino allí, despanchurrados contra las rocas, imposibilitados para crear más desolación y terror. Ahogados en sus propias mentiras. Engullidos por fantásticas y sanguinarias quimeras, criaturas creadas por la ira de Dios.

Para colmo de males y a propósito de estas palabrerías, mientras escribo, otra frasecita se cruza en mi camino:

Quienes sólo saben contar la verdad no merecen ser escuchados. (Jonas Jonasson)

Pues estamos apañaos. ¿Para qué quieres más comentarios?  

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Lo que nos asemeja, ¿nos hace diferentes?

Divagaciones en una hermosa jornada
Iba yo un día andando tranquilamente por la calle, con ganas de mirar. Era unos de esos días que te has levantado como si el sueño hubiera archivado todas tus pesadillas, como si el descanso pusiera las piezas en su sitio: el cielo es azul, el sol resplandece, la naturaleza está en flor, las mariposas vuelan, los pájaros cantan, las gentes sonríen…, etc., etc., y etc. ¡Todo el mundo es bueno!

Si las sensaciones pudieran encargarse, yo me encomendaría una así regularmente porque, prescindiendo del amor, no conozco una percepción superior a la que te procura la paz. Y yo estaba en paz con todo bicho viviente.

Bueno pues, con ese inmejorable estado de ánimo, deambulaba por ahí contemplando lo que me rodeaba: edificios, establecimientos, farolas, mascotas, coches, autobuses, bicicletas, personas…

-¡Mire qué pinta, hermana!- Oí murmurar a mis espaldas con cierta rechifla.

Me giré y vi  a una mujer que hablaba con otra mujer vestida de monja. Y el centro del comentario  no era yo, por raro que pueda parecerte, sino una señora árabe ataviada con la vestimenta de su país.

¿Qué quieres que te diga? Hace tiempo que nada me parecía tan chocante. En cierto modo, voy a frivolizar. Pero déjame que te lo ilustre para que no haya dudas ni malas interpretaciones.
Salta a la vista, ¿verdad? ¿No se diría que van al mismo modisto? O lo que es igual, ¿no parten del mismo hábito? (Y cuando digo hábito me refiero a costumbre y a vestimenta)


El velo en ciertos paises es algo obligatorio que denigra a la mujer.(sic) Es una imposición cultural o de sus "hombres".(sic)
Una monja elige ser monja y hay ordenes que se tapan la cabeza y otras que no.(sic)

amigo debes saber que el islam lo dicta.. para que la sociedda se mantenga limia y sin crisis de valores.. si en europa todas las mujeres ya no estan virgenes y ponen su imagen y sus fotos e ncadenas de internet.. en el mundo occidental la mujer ya no tiene sentido.. todas disfrutan edlsexo de manera ilicita.. no asi es el aniamL? la mujer musulmana lleva elvelo para no despertar malos pensamietos en los hombres sobre todo en los jovenes.. para no excitarles sexualmente!

el velo no solo lo llevan las musulmanas pero tambien las monjas.. pero las crtistianas respetan esta doctrina solamente en la iglesias!! pero las muuslmanas practican el islam en todos los lugares..y no solo en los templos..(sic)

En estos dos enlaces se leen opiniones opuestas. Aunque siempre respetables, claro. Pero, a mi juicio, atuendos de moras y cristianas, tienen mucho que ver con la debilidad del varón y su necesidad de imponerse (que no olviden los católicos que sus féminas eclesiásticas, por más que elijan servir a Dios como los imanes, los rabinos o los sacerdotes, no pueden escuchar confesiones ni perdonar pecados u oficiar misas o tocar hostias consagradas -salvo que no pertenezcan a la Iglesia Católica Antigua, llamada también Veterocatólica-. http://es.wikipedia.org/wiki/Iglesia_cat%C3%B3lica_antigua Además, hasta hace bien poco, no sólo se cubrían la cabeza, también se rapaban el pelo). Y al igual que las novicias,  me parece que las damas del islam, en general, no se sienten obligadas, ni denigradas, ni discriminadas. Más bien perpetúan las costumbres de sus mayores como lo hacía mi abuela que, tal que todas las abuelas de su época, a partir de determinada edad, se vestía de negro.

Dicho esto, y a pesar de que no venga muy a cuento, no entiendo porque no se puede ir a estudiar si llevas chador o hiyab y sí, si vas con toca y hábito.

Si te he hecho creer que justifico la ablación, el burka, la clausura o cualquier violencia, incluida la llamada de género, o que voy de discurso feminista, has errado el tiro. Lo mío, hoy, va de otro palo: ¿la paja en el ojo ajeno? 

A éstos también parece que les viste el mismo sastre, ¿a qué sí? No obstante uno es devoto monje cartujo y el otro un venerable vecino de Marraquech. 
Que  yo sepa, nunca nos ha preocupado las sotanas, pero nos cuesta un montón digerir la chilaba moruna, ¡si hasta nos parece un mamarrachada!

Otro detalle a tener en cuenta: católicos, israelitas e islamitas comparten el gusto por el casquete (y me refiero al gorrito que, de otro tipo de casquete –aunque es posible que suceda lo mismo-, no tengo referencia), por el cordero pascual, por el pan ácimo (la eucaristía no deja de ser un pan sin levadura), los ayunos (no hace tanto los católicos comprábamos bulas papales para poder ponernos las botas), por el antiguo testamento…



En el caso de árabes y judíos las similitudes aumentan (su referente religioso es Abraham, ambas religiones practican la circuncisión, tienen prohibido beber alcohol, comer carne de cerdo y los dos de sacrifican a los animales –hala y kosher- de una manera muy similar, por ejemplo). También usan la misma manera de leer: empiezan por la última página, acabando en la primera y lo hacen de derecha a izquierda. Es bien probable que  aun tengan más analogías que desconozco.

Estas coincidencias vienen a reflejar algo muy antiguo que los fraterniza, que nos fraterniza a todos.

Y lo curioso es que, cada confesión, cuando menos, mira con recelo a la otra. La considera esperpéntica, impía. Desacredita sus tabús en favor de sus parecidos preceptos. Y digo “cuando menos”, porque cuando más, están zarpa la greña y llegan a las manos, a la guerra abierta.

(Al respecto, no estaría de más tener en cuenta que todos han practicado en algún momento algún tipo de guerra santa: Yihad, Sionismo, Cruzadas y, por si algo nos parece lejano, mencionaré también el conflicto del  Úlster.) http://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_santa

Cierto que los árabes han perdido el esplendor y refinamiento a los que nos tenía habituados en la España mora (de lo que cabe aprender que la gloria es efímera y que, hasta los más altos, pueden caer –tampoco sé yo si esa exquisitez era aplicable a todas las clases sociales-.) Pero aun más indudable es que los bautizados hemos traspapelado el “amar al prójimo como a nosotros mismos”. 

Asimismo es verdad que, en nuestra sociedad, quizá porque cada vez hay menos vocaciones, se hace más  difícil ver, fuera de los días festivos, sotanas, hábitos, túnicas, chilabas, velos, tocas y alzacuellos.

(¡En menudo jardín me he metido otra vez!)

La paradoja es que, lo que presumimos que nos diferencia, en definitiva, nos descubre muy pero que muy parecidos. Iguales.


viernes, 3 de agosto de 2012

TOP MANTA: CONFUNDIRSE DE ENEMIGO


Tengo una amiga con la pata quebrada (para ser más exactos, las dos: una con un esguince y otra con una rotura) y en casa. Como en este momento le sobra tiempo, se entera de cosas y me las comenta.

Lo último ha sido la movida de comerciantes y policías del lugar donde resido, contra el top manta.

-Tu pueblo ha salido en la tele por el asunto del top manta- me manifiesta –. Han llegado a las manos, casi delante de tu casa.

A partir de 1 de Julio, lo más normal es que no me entere de lo que pasa delante de mis narices. Me parapeto entre mis cuatro paredes, a salvo de forasteros y calor, y sólo saco la nariz para lo más imprescindible.

Como hace tiempo que le doy vueltas al tema, se me acaban de despertar los ánimos del letargo estival, y le contesto que tengo yo ganas de escribir algo sobre ese asunto. Y me pongo a ello. 


Típico mantero, antes de que se produjeran los hechos. No parece que le vaya muy bien el negocio, ¿verdad?

Seguro que sabes qué es eso del “top manta”: se extiende una manta u otro tipo de lienzo en el suelo de una calle comercial muy transitada a pie, y se expone sobre él cualquier ejemplo de mercancía. Priman especialmente, copias de marcas de moda en gafas de sol, bolsos, perfumes, gorras, cinturones, camiseras, relojes, carteras, foulards…, también cedés de música y de películas acabadas de estrenar así como bisutería diversa. Los vendedores suelen ser africanos de distintos territorios que han llegado a nuestro país, utilizando transportes diversos, con el único objetivo de ganarse la vida. ¿Estamos? Y son más listos que el hambre.

Alguien, probablemente los macarras que los explotan, http://www.diaridetarragona.com/costa/069111/top/manta/mueve/cien/millones/euros/ano/litoral/catalan  les han explicado que la policía local no puede actuar en los 20 metros que distan del mar. En consecuencia han dispuesto entre ellos un sistema de vigilancia que avisa del peligro cuando éste acecha y, entonces, puedes contemplar ingeniosos artilugios que tirando  de unos hilos, rápidamente “cierran” los tejidos y los convierten en abultadas bolsas con las que corren hacia la arena. Allí, las fuerzas del orden pueden conversar, pero no se les permite arrebatar, ni la  libertad, ni la mercancía. O al menos eso parecía ser, hasta el 1 de Agosto.

A los tenderos de aquí, los oficiales, los llamémosles legales, les han comido el tarro gentes de la capital que, respondiendo a no se sabe qué intereses (desconozco quien los orquestó), han estado repartiendo panfletos en contra de los vendedores furtivos. Muchos establecimientos, los colocan en lugar preferente de sus escaparates, a modo de protesta. Porque están que trinan.

En estos tiempos de negocios precarios, lo único que falta son esos negros con sus baratijas y su competencia desleal.

El malestar de los detallistas pone nervioso al consistorio municipal y se monta la de dios es cristo. Todos a por los top manta. Menos los veraneantes, que optan por apoyar a los manteros.

Ya se sabe; calentar ánimos se hace en grupo y es contagioso: cinco heridos.

Hay que tener en cuenta que cuando no se tiene nada, poco, por no decir nada, es lo que se puede perder y el ayuntamiento sabe que pasados los primeros berrinches, los africanos tendrán que seguir intentado ofrecer su mercancía, por eso elige otro camino para  joder: sancionar a cualquiera que intente comprarles algo.

Y entendemos que los establecimientos de la zona, se sienten respaldados. ¡Por fin se han tomado medidas serias para controlar la situación! 

Fíjate, a mí me gustaría que alguno de ellos pudiera leerme, para recordarles a aquellos familiares (una gran mayoría de población los tiene) que se vieron obligados a dejarlo todo, ya fuera por móviles políticos o por motivos de hambre, y aventurarse en otros pueblos que no siempre les acogieron con alegría y de los que incluso a veces desconocían hasta el idioma.

Que nadie me objete que los españoles se fueron al extranjero con contratos de trabajo.

Algunos habría. Como los vendimiadores que  cosechaban en Francia al igual que los que tenemos recogiendo fresas en Lepe. Pero la inmensa mayoría se arriesgó a lo desconocido, a lo inseguro, buscando una mejor existencia para él y los suyos. Y al final, el objetivo era y es, tanto para los emigrantes como para los autóctonos, encontrar trabajo, hallar negocio.

Me gustaría que leyeran atentamente el pasquín que han colgado en su escaparate y me dijeran honestamente si cambiará algo cuando hayan erradicado a esos vendedores ambulantes. Seguirá pagando: 1- iva/  2- impuesto/ 3- alquiler/ 4- su seguro/ 5- ¿dará trabajo? (que yo sepa, y corríjame si me equivoco, sólo las farmacias, las ópticas, los estancos, las fruterías, las tiendas de alimentación y alguna –muy pocas- tiendas de ropa, tienen dependientes)/ 6- continuará no vendiendo falsificaciones/ 7- Ofrecerá las garantías que le proporciona su proveedor (y eso no es siempre una garantía)/ 8- su producto será legal, (¿se ha preguntado alguna vez cómo se legalizan los productos? Por otro lado, ellos tampoco venden droga)/ 9- no se esconderá de la policía (porque la policía no le persigue)/ y 10- No estafará. (¿Cree que ellos sí? y ¿En qué se basa?) 
  
Controvertido asunto. Pues, una vez estudiado ese papel, tendrán que admitir que se equivocaron de adversario. Que su situación no se transformará cuando ellos no estén. Que si quieren que eso suceda, tendrán que hacer algo más que perseguir negros por la jungla de asfalto o por las  playas.

Nos dejamos engatusar por cualquier cebo que nos pongan y nos distraemos de lo importante que es plantar cara a quien pretende atenazarnos con sus normas. Porque, como dice un muy buen amigo mío, todos somos top manta (o deberíamos serlo).

Ahora esos chicos perseguidos piden regresar a sus orígenes.

-Si no podemos trabajar, ayúdennos a volver a casa. Hemos gastado aquí, todo lo que teníamos.


En esa época, típica hucha del Domund
Piden la repatriación.

Señor, si no han cambiado los tiempos… ¡pensar que, cuando yo era niña, en las escuelas ya se recogían dineros para socorrer a los negritos de África!
A esto lo llamo yo, echar leña al fuego
P.D. Hoy, 3 de Agosto, a las 21:15 hrs., ya acabada mi disertación y contraviniendo mis normas de acurrucarme en el hogar, salgo a la calle y me topo con la pancarta de la izquierda. 

La Generalitat de Catalunya, como corresponde a un poder más, también pretende confundirnos. 

Que no se escondan, que no nos líen, aun que tiremos de la manta, su gestión nos ahogará. 


lunes, 16 de julio de 2012

TODO A CIEN


El bienestar de la crisis

Tengo una sensación enfrentada a la hora de reflexionar… Por un lado, me aburre y me cansa debatir sobre el estado actual de los asuntos económicos, políticos y sociales de nuestra humanidad. Por otro, imagino que si no lo hago, es como tirar la toalla, como dar mi connivencia y dejarles hacer. En este segundo pensamiento, también me critico una posible presunción de que mis palabras sirven para algo, la valoración de la humilde aportación del “granito de arena” y las estupideces por el estilo que decimos cuando sabemos que no podemos hacer nada, ya que los granitos de arena necesitaron siglos y siglos de erosión, para llegar a ser y, para más inri, perdieron su contundente y aplastante condición de roca, convirtiéndose en inofensivos e ineficaces, eso: granitos de arena.
  
Y al final, una, que se ha educado en la eficiencia de la gota de agua que perfora la piedra, se cree en el deber moral de proseguir.

Voy a ser tan temeraria como para abordar el asunto de la crisis, sin tener ni puta idea de economía. Mis conocimientos se basan, única y exclusivamente, en “las cuentas de la vieja” y el sentido común que, doy por sentado, tengo.

Como a mí no me salen los números, estoy convencida de que la crisis –esa que nos estalló en los morros en el 2008-, ya había empezado cuando nos vendían el idílico “estado del bienestar”.

Sitúo el nacimiento de nuestras miserias, allá por el 1998 (año arriba año abajo). Más o menos en época de Felipe González.

¿En qué me baso?

En la exitosa aparición de las tiendas de “Todo a 100” (100 pesetas, amigo, pe-se-tas). Pesetas para España, porque este fenómeno se produjo en demasiados países (Dollar Store en Estados Unidos, en Inglaterra Pound Shop…, Noruega, Suecia, Australia, Argentina…) Prácticamente en todo el mundo, como la crisis que vivimos.


¿Cómo te explicas que en plena opulencia fueran negocio ventas de ese monto en casi todo el planeta?

Pues yo diría que porque  los ingresos de una gran parte de la población, justo les procuraba llegar a esa cifra. La cifra de la precariedad. Del quiero y no puedo. Del por fin me daré un capricho.

¡El gustazo que proporcionaba ir de compras y sentir el lujo de adquirir algo! Así sosteníamos  nuestra prosperidad.

Los de a pie, no lográbamos alcanzar Vinson, Loeve, Pilma, Gutzzi, Valentino, Vitorio y Luchino, Chanel número 5, etc. Esforzándonos bastante, atrapábamos, aquí, El Corte Inglés.

A mí que no me vengan con que eso era bonanza.

Y luego, ya que dedujeron que estábamos muy bien, en el 2002, con José María Aznar al mando, nos metimos en la tabla de salvación del euro.

Eso fue como esas parejas que, tras años de convivencia y algunos tropiezos en la relación, deciden casarse pensando que lograrán la estabilidad. Duran menos que un caramelo a la puerta de una escuela.

Dicen que el cónclave del euro fue una invención para hacer frente al poder del dólar.

Y dicen también que la actual crisis la provocó Estados Unidos para rematar al euro. O Rodríguez Zapatero por su pésima gestión.

¡Cuántas elucubraciones y fantasías!

Lo cierto es que lo que nos costaba 100, pasó a valer uno. Y en mis primarias y limitadas nociones matemáticas, ese uno era en realidad 166 pesetas (¡una subida del 66%!)

Una subida de ese monto en productos esenciales, ¿cómo no nos iba a rematar definitivamente?

Pero, por suerte para la población con el poder adquisitivo más mermado, las Todo a 100 cambiaron mayoritariamente de nombre y de propietarios, dando paso a los perseverantes Bazares Chinos, que tuvieron la gentileza de traducir 100 por 0,75. Y, aunque no es una conversión equitativa, es bastante más prudente que el pan, los diarios, el cafetito, etc. (¡Qué te voy a contar!)

Caricaturas bajadas de Internet
Tres presidentes en ocho legislaturas nos han hecho comulgar con ruedas de molino. Y en esta novena, el nuevo gobernante, perteneciente a un partido que ya experimentamos, nos sigue mintiendo, disfrutando de todos sus inmerecidos privilegios, a costa de hundirnos más y más en la miseria.

Con la  tortura que representa esperar a qué nos deparará la nueva jugada del régimen, día a día recibimos menos y nos obliga a dar más.

Como ya no cabe inventarse otra moneda, los dominantes recortan prestaciones, bajan salarios, justifican despidos improcedentes, escinden investigaciones, suben el iva, el ierrepeefe y las retenciones, encarecen el acceso a estudios superiores, cercenan el futuro de los jóvenes, constriñen a los ancianos en la estrechez… Cual sacerdotes de una nueva doctrina sofisticadamente cruel, despiadadamente sádica, perdonan los pecados a los poderosos, facilitan su evasión de impuestos, protegen a los corruptos, premian la incompetencia, absuelven a la iglesia…

¡Ah! Pero aun nos queda el respiro de invertir, menos de un euro, en alguna sandez que nos despenalice la supervivencia.

Visto así, a mi no me extrañaría que esos bazares estuvieran subvencionados.

Entre gatos de la suerte, gafas de sol, madejas de lana, artículos de papelería, marcos para fotos, gafas de presbicia, ollas, platos, vasos, productos de limpieza, trapos, bolsas de basura, jarrones esperpénticos, “última moda” en vestido, decoraciones varias, temeraria cosmética, imitaciones de perfumería…., (¿hace falta nombrar todo lo que se puede adquirir en esos establecimientos?), no me extrañaría descubrir, a buen precio, los mejores deseos de un raro político honesto.

Y ahora ya te dejo en paz. Es que tengo prisa.  ¡No me vayan a cerrar los chinos!

viernes, 18 de mayo de 2012

¿YO DIJE ALGUNA VEZ QUE LOS DIRIGENTES SON UNA MIERDA?


Tal vez te preguntarás porqué he tardado tanto en escribir algo más, y la razón es que me he quedado sin palabras. Es tan grande el desasosiego y la desconfianza que me produce la situación actual y las medidas abusivas de la clase dominante, que no sé qué decir. O no sé cómo decirlo.

Vivo acojonada.  Y se me encoge el estómago de un modo angustiante cuando el gobierno abre la boca. Porque, como dirían en mi tierra, el gobierno es un faltado. 

Faltada, que eres una faltada. Cada vez que abres la boca es para faltar.

Este par de frases definen, a veces, lo indefinible, lo que hace daño al prójimo, lo que te deja indefenso, es además un insulto importante.

Cuando el presidente raja por ese pico que tiene, siempre da una consigna que obliga todavía a un más grande sacrificio que la vez anterior,  forzando a  que nos comportemos como  penitentes flagelados que se azotan en pos del perdón de unos pecados que no hemos cometido o de la  promesa de un remoto e incierto paraíso. Nunca tiene una palabra “caramelo” que nos actualice la esperanza para hoy.

Pero señor, cuando ya nos hemos cargado el futuro de nuestros nietos, ¿qué otro futuro nos cabe esperar?

Mientras nosotros decrecemos, hay una minoría que gana robustez y poca vergüenza, que jamás ha renunciado a nada. Y no va a empezar ahora, tal como van las cosas.

Apretarse el cinturón, es cosa de la mediana empresa, los autónomos, los trabajadores, los obreros clandestinos, los parados -con o sin subsidio-, los enfermos cuidados por la Seguridad Social, los escolares o los estudiantes que deberían ser atendidos por el Estado, los jubilados y el resto de pobres y mendigos en general que, por cierto, no dejan de crecer y multiplicarse.

Añadirle agujeros al cinturón para darle más ruedo porque no les cabe su creciente opulencia, es cosa de selectas y poderosas minorías, grandes empresarios, multinacionales, la banca, la iglesia, la casa real y la tribu política en general que, por cierto, cada día está más oronda.

Si alguna vez el pueblo logró algo, lo está perdiendo.

No te explico nada nuevo, ¿verdad? Tú, como un montón de personas más, sienten lo mismo que yo ante esa sordera paternal de los estados que van a la suya con total intransigencia, insolidaridad y sadismo…, diría yo. Porque, vamos a ver por ejemplo, ese decretar que los analgésicos no estén incluidos en la seguridad social  a causa de que, simplemente mitigan el dolor y no curan nada, ¿no señala un cierto grado de perversión?

Y, ¿qué me están diciendo? ¿Que normalmente son remedios placebo? ¿Y a mí qué me importa que sean placebo si ayudan a mitigar el sufrimiento de quien cree en ellos? Y si son medicamentos mentira, ¿por qué nos lo han estado recetando? Y, ¿por qué han tenido el cinismo de permitir  a las farmacéuticas seguir fabricándolos?

¡Cuánta desfachatez!

Para acabar de arreglarlo, otro asunto que me tiene mosca es la información que circula por internet comparando los años 1960 con los 2012. Parece que su único propósito es convencernos de que lo que está ocurriendo hoy en día, es igual que lo acontecía entonces y que, en consecuencia, no tenemos que preocuparnos demasiado porque, en esta vida, todo es cíclico.

Que no se alborote el gallinero: nada de insurrecciones. El agua no llegará al cuello y Dios aprieta pero no ahoga. ¿Veis cómo no pasa nada? Si al final las cosas se solucionan sin que los plebeyos metan mano. Y todo, con aire muy distendido, muy gracioso. Ji,ji y ja, ja.

El siguiente link es una muestra. Pero seguro que tú has recibido un montón de correos o te han contado una pila de  chistes, tan o más graciosos que éstos.


Por supuesto que hace tiempo que el estado se merece nuestras críticas. No en vano nos sometieron con una dictadura y nos vienen engañando con una “democracia”. Nos dejaron votar por determinadas personas y prefijados partidos, pero jamás nos preguntaron por el sistema de  gobierno, porque no nos consideraron preparados para ello y porque, en el fondo, Franco lo había dejado “bien atado”.

Llámame mal pensada si te parece, pero, digo yo, esas reseñas de tantos años atrás, ¿tenían que aparecer, sin sponsors que le den cuerda, precisamente es estos momentos de desesperanza colectiva?

Y en definitiva -¡qué fallo y qué vergüenza!-, porque, es bien cierto que aunque no sé cómo puedo ejercer una oposición efectiva, no me resigno a resignarme.

Tampoco quiero ser pájaro de mal agüero.

¡Ahhhhh! –me relajo- Menos mal que aun existen momentos gloriosos en la historia de España.

Como debes saber, los han personalizado el Gobierno Autonómico Vasco y la Junta de Andalucía.

Ambos, en una manifestación de total desacato, se han negado a recortar en sanidad, además atenderán a cualquier emigrante -sea legal o ilegal, tenga o no tenga papeles-, que necesite cuidados médicos (¿dónde dejaron las derechas su tan cacareada "caridad cristiana"?). Y por supuesto, tampoco quieren mutilar la enseñanza. A favor de sus principios, están dispuestos a llegar donde haga falta: al Tribunal Constitucional o a Estrasburgo, si es necesario.

Los vascos además, para más gloria por parte de su Parlamento, han  prohibido usar municiones de goma para aplacar manifestaciones: que el pueblo, joven o viejo, porque diga la suya o vaya al futbol, no es acreedor de la muerte, ni siquiera de perder la vista.

Ya ves, aunque me cueste creerlo, también hay dirigentes que se merecen un respeto. Y un  aplauso. Y una solidaridad. Y una adhesión.

Déjame que grite: ¡¡¡¡¡AD-HE-SIÓN!!!!!! A ver si me oyen los presidentes de las otras autonomías, que parece que estén sordos, ¡joder!